Me repugna todo: la lengua rendida a las empresas, el moderneo buenista de encontrar una acepción agradable de 'maquillar' y especialmente la mamarrachada de nueva definición que hace ver que nuestra IDENTIDAD pende de un rímmel.

— Lorena G. Maldonado (@lorenagm7) 12 de diciembre de 2018
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